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Economic Review
Como tercera economía del mundo, la crisis iniciada en marzo pasado por el terremoto y tsunami en Japón ha tenido repercusiones insospechadas, producto del más directo y catastrófico de sus efectos: la crisis de seguridad nuclear que mantiene en vilo al conjunto de los países del orbe y que ha alcanzado, en términos de magnitud, al peor de los sucesos previos conocidos como lo fue la crisis de Chernobil.
Se habla de decenas de miles de muertos, de la destrucción generalizada de ciudades y pueblos, actividades económicas y fuentes de trabajo destruidas y tierras arrasadas por el mar. Sin embargo, este no es el único elemento que complejiza la activa realidad mundial de este primer trimestre del año. Debemos sumar las repercusiones de la crisis internacional en medio oriente que ha afectado y seguirá afectando los precios internacionales de los hidrocarburos, como el crudo de petróleo, que completan un complejo escenario energético mundial, y que ya tiene repercusiones en el mercado interno que se manifiesta en el incremento del precio de los combustibles de cara al inicio del invierno.
Esta creciente problemática energética, sumada al aumento de los precios de materias primas y alimentos a escala global, debido al efecto de la cambiante situación del clima mundial (sequía, entre otros), y a la alta demanda de los países emergentes, configuran un escenario que de cualquier modo será complejo este 2011.
Ya en el ámbito interno, se debe considerar el fuerte incremento de la demanda interna producto de una visible mejora de las condiciones para la actividad económica, como producto de políticas fiscales y monetarias que han estimulado el gasto en el período que culmina. Este incremento de la demanda interna no se ha contrarrestado, vía disminución del gasto fiscal que también ha aumentado, lo que producirá una presión inflacionaria que se está empezando a ver, y que podría llegar a ser importante, dependiendo del manejo que se haga. El Banco Central ya ha empezado a tomar medidas más restrictivas de política monetaria lo que va en el sentido de amortiguar la inflación.
En esta misma línea, como país en vías de desarrollo y sumando las características de la balanza comercial de Chile, el nivel de precios (IPC) se ha mantenido muy sensible a las variaciones en el precio de los alimentos y estos a su vez dependen mucho de materias primas externas y del transporte (por las características de Chile como país largo y angosto, alejado del "mundo").
El tipo de cambio se ha mantenido bajo por condiciones externas y por el manejo del Banco Central,
que en una medida conservadora ha intervenido en alguna medida el mercado (en periodo de
"vacas gordas"- precio del cobre alto - acumula divisas). Al mismo tiempo, la presión inflacionaria y el aumento del gasto tendrá su impacto en las tasas de interés en el mediano plazo, las que deberían subir y empezar a frenar el gasto privado, al menos en teoría.
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